Luis García Bravo
14 de mayo 2009
Era una práctica usual, incluso frecuente, culpar de todo tipo de actuaciones y hechos delictivos a los guerrilleros antifranquistas que estaban luchando en el monte, y no cabe la menor duda que en la mayoría de los casos el autor o autores de tales acusaciones nunca se conocieron ni tuvieron que responder por ello.
Conocemos muchos historias que nos han llegado a través de testimonios orales procedentes de toda la geografía española, la mayoría de ellas dramáticas, que quedaron en la memoria de los pueblos, cada vez más tergiversada y que dejaron señalados para siempre como culpables a los guerrilleros.
Los hechos que queremos dar a conocer constituyen una prueba más de las injusticias atribuidas a las diversas partidas de guerrilleros que operaron en la zona del Campo de Gibraltar. Algunos de dichos hechos han quedado dentro de la picaresca ante las necesidades económicas de aquellos momentos.
Investigando en los archivos tropezamos con una causa, la cual, en un principio sólo parecía una muestra más de la anécdota picaresca, pero luego pensamos que sería bueno darla a conocer. Los nombres propios de las personas implicadas, así como de los comercios que se citan, han sido cambiados con el fin de no molestar a nadie y evitar cualquier malentendido, lo que en modo alguno beneficiaría a nadie.