Al amigo que se fue,
La triste pérdida de Floren Dimas Balsalobre, uno de los grandes pioneros de la memoria histórica en España y firme defensor de las víctimas del franquismo, ha dejado un profundo vacío tras conocerse ayer su fallecimiento a los 75 años. Su legado como historiador, militar demócrata y divulgador incansable perdurará para siempre en la lucha por la verdad, la justicia y la reparación.
Reconocido como uno de los grandes pioneros de la recuperación de la memoria histórica en la Región de Murcia y delegado de la asociación Archivo, Guerra y Exilio (AGE), el militar e incansable divulgador deja un vacío profundo en el movimiento republicano y en la lucha por los principios de verdad, justicia y reparación.
Floren Dimas Balsalobre, ha sido durante muchos años uno de los grandes referentes y pioneros de lo que dimos en llamar la «recuperación de la memoria histórica». Fue un luchador incansable por los derechos humanos y la justicia internacional; esa misma justicia que ampara y abraza a las víctimas del franquismo y a sus familiares.
Su espíritu militar y su inquebrantable constancia hacían de él un demócrata ejemplar en la búsqueda constante de la verdad, la justicia y la reparación. Gran conferenciante, historiador de vocación e investigador incansable, Floren hizo de la honestidad su bandera.
Quienes hemos tenido el privilegio de conocerle y gozar de su amistad hemos sido testigos directos de la inmensa calidad humana que derrochaba a cada paso. Por eso, no cabe duda de que su ausencia, tan repentina, nos deja un vacío profundo que sentiremos muchos de nosotros.
Querido amigo, jamás podré olvidar aquellos primeros contactos que tuvimos hace ya muchos años, cuando me guiaste y me ayudaste con tu valiosa experiencia. Tampoco olvidaré los momentos que compartimos junto a nuestros queridos amigos, los guerrilleros antifascistas españoles —ese último brazo armado de la República—, ni nuestras largas e inolvidables charlas telefónicas.
Deseo, amigo y camarada Floren, que en este último viaje te acompañe la certeza de que dejas aquí un legado imborrable. Sé que tu lucha principal siempre tuvo la mirada puesta en el futuro, en la juventud, y ellos sabrán recoger tu testigo.
Adiós, viejo amigo.
Guarda el recuerdo de nuestra amistad, que yo, cuando me toque partir, llevaré la mía conmigo. Por si acaso, viejo amigo, nos volvemos a encontrar allá donde estés.
Hasta siempre, viejo amigo.
Luis Antonio García Bravo