De la Sauceda al Marrufo

Lo que hice no lo se
pero atado con cuerdas fui
y de mi casa salí

Que largo el camino fue
donde gritos lamentos y llantos
en el camino al Marrufo escuche

Y que largo el tiempo fue
hasta que en las esclarecía del día
ante el borde de una fosa
me encontré

Y que lento el tiempo pasó
hasta que el tiro sonó

Y que largo el camino fue
hasta que en el fondo oscuro de la fosa
me encontré

Lo que hice no lo se

Pero muerto ahí  quedé

Nuestro compañero el Acebuche

Luis A. García Bravo
4 de octubre de 2012

Hoy, en la más absoluta intimidad, como hacen las personas de bien, se recogían y limpiaban uno de los lugares mas significativos y escenario de crímenes horrendos que tuvieron lugar durante el otoño y el invierno de 1936 a 1937, tras la sublevación de un ejército rebelde que no dudó en pisotear la voluntad del pueblo español legalmente constituida desde las urnas, la II República.

Ese lugar no es otro que “La Fosa del Marrufo”. Hoy, con un día soleado de octubre, se daba por concluida tras unos meses intensos de trabajo la segunda parte del proyecto que lleva dicho nombre, la exhumación de quienes allí fueron vilmente asesinados. Meses de emociones que aunque se querían contener afloraban desde lo más profundo de nuestros corazones, traducidas en lágrimas, rabia y un profundo dolor desde nuestras entrañas. Ante el asombro de miembros del equipo, muy experimentados, no se podía comprender el ensañamiento que reflejaban los restos cadavéricos que se iban descubriendo de hombres y mujeres con claros signos de maltrato, muñecas atadas con alambres, cuerdas y piedras lanzadas a quienes una vez ajusticiados fueron arrojados a la fosa; tal grado de crueldad es lo que tuvo lugar en los crímenes que allí se cometieron.

Pero hoy, aun cuando sabemos que hemos cumplido con nuestros objetivos de unos trabajos bien hechos técnica, huma e históricamente, cuando sabemos que tras nosotros quedan momentos muy importantes en la historia de nuestro país, momentos de emociones, recuerdos y trabajo compartidos en equipo, cuando va llegando el momento de dejar el lugar, vuelven a aflorar los sentimientos y esa sensación inexplicable que nos queda a los seres humanos cuando abandonamos un lugar.

A mi querido amigo y camarada José Murillo «Comandante Ríos»

Conocí a mi gran amigo y camarada José Murillo un sábado frío del mes de diciembre de 2001, en su pueblo natal, El Viso (Córdoba), donde recibía un merecido homenaje, apoyado por sus compañeros y compañeras guerrilleros.

Fue allí donde escuché por primera vez la historia de aquel joven de 17 años que decidió marchar a la sierra para unirse a los guerrilleros antifascistas de Sierra Morena y acogerse a los ideales comunistas del P.C.E.

Pero el destino me tenía preparada la sorpresa de que esa historia, la del Comandante Ríos, yo tendría el honor de contarla muchas veces y que disfrutaría no solo de su amistad y la camaradería de José Murillo, también de su cariño, el mismo que yo siento por él.

Amistad que se consolidaba para siempre tras encontrarnos y fundirnos en un entrañable abrazo, un bonito día 12 de abril de 2001, día de mi cumpleaños, en el que su abrazo sincero y entrañable fue uno de mis mejores regalos de cumpleaños. Desde entonces vivimos muchas anécdotas y momentos inolvidables de emoción, de lágrimas, alegrías y risas.

Buenos días en la Villa

Comenzaba una mañana del mes de julio, tras una noche de esas de verano donde dormir a consecuencia del calor es toda una proeza, y a esa hora en la que quienes estamos acostumbrados a levantamos con las claras del día, la temperatura ya había refrescado y se podía respirar, y como solemos decir por nuestra tierra “ahora se puede vivir”.

Llegue a la Villa de Los Barrios, como siempre casi media hora antes de la cita, normal en quienes nos gusta ser puntual y madrugador, como es de costumbre hay que tomar el primer café de la mañana y donde mejor que en el kiosco de Curro.

Establecimiento este donde a lo largo de los años se han dado cita, ganaderos, tratantes, transportistas, trabajadores, etc. quienes con un café, una copa o cualquier otra bebida, cerraban tratos, esperaban al compañero, al autobús etc.

Buenos días –
Siendo contestados por los parroquianos presentes
– Buenos días –
Me dirijo a quien esta tras la barra
Un café con leche por favor –

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